lunes, 15 de noviembre de 2010

Experiencias al volante

CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA by Pep Lluís Sanmartín

No soy muy dado a salir de mis rutinas de fin de semana. Cualquier cosa que represente un cambio más allá del restaurante, aperitivo, o paseíto en coche para contemplar paisaje y regreso a la morada cuanto antes, supone trastocar mis verdaderos planes de relajación. Pero a veces tienes que aflojar por el bien del matrimonio y por la convivencia y porque piensas que un día de cambio de ceremonia puede venir bien.

Ya me ves cargando el coche como en las películas españolas de los setenta cuando iban a la playa con el 850, cuántas cosas necesita una mujer para un fin de semana, eso sin contar las “CoTon”, Consultas Tontas... de última hora:

-mira qué tiempo hará !!

-¿Me llevo esto o lo otro?,

- Te pongo otra camisa que con lo guarro que eres seguro que te cae un lamparón en la cena y ¿luego qué?

-¿Me llevo estos zapatos o los que tienen la suela de goma por si llueve?

Bufff!! quina cansamenta!! Y aún no hemos partido.

Pues sí, pertrechados como para un mes nos vamos de ESPAR. Me gusta llamarlo así pues me recuerda la cadena de supermercados y le da un toque “rústico-payés-cerrado” y eso pone de los nervios a cualquier mujer actual, tan dadas a saborear el placer de un centro spa con más estrellas que un capitán general, mientras por otro lado, compensa un poco el perderte la clasificación de motos, de F1, el tenis y el básquet, la represalia consiste en hacer de José Luis López Vázquez en Benidorm Alemaaanas!! Dónde están las sueeeecas?.....eso las acaba de rematar.

No tiene desperdicio la indumentaria propia del spa, albornoz blanco tres tallas grande que pesa como una alfombra persa, diez kilos de peso sobre los hombros y un picor infernal en la espalda por la maldita etiqueta, pantuflas a juego, pareces un exhibicionista aguardando tras la esquina dispuesto a acechar a su víctima con la ridiculez mas espantosa; después un gorrito para el pelo que te deja las orejas como Pepe Soplillo. Creo que me habré hecho mayor como dice la canción de Dani Martín.

Después de superar el trauma de la vestimenta y ver que nadie se sorprende porque todos van igual, te da cierta calma, hasta que observas algunos que te miran descarados, entonces te percatas que simplemente se debe a que deben dejar las gafas, las lentillas y demás artilugios correctores de visión en la taquilla y encomiendan sus rezos a santa Lucía y desgraciadamente te miran forzando los ojillos cual topo ibérico.

Tras unas puertas dobles se encuentra el verdadero remanso de paz y tranquilidad, curioseo tras las puertas de cristal y todo parece indicarlo, hasta que cruzas la línea. La delgada línea que une mis partidos, mis carreras y mis clasificaciones, con el paraíso del agua, si la cruzas no hay vuelta atrás. Pero valor no me falta piensas, cruzas... flashhhh...fluzzzzz....argghhhhh bufffff.... ¡Quin puta baffff mare de Déu del amor hermós! Sientes el calor sobre las sienes, 40 grados a la sombra y no hay barra de bar, ni una triste cerveza que echar al coleto, una chica te recepciona con la Hola! de la semana, te saluda y continúa con sus cotilleos de la familia real danesa en sus vacaciones perennes, vaya, que no pegan palo al agua.

Piensas que ese calor y tanta humedad no es bueno para el cuerpo, solo deseas meterte en el agua para poder refrescarte, pero también está caliente, así que te resignas e intentas hacer el recorrido lo más rápido posible, hasta que un chorro traicionero te mete por los bajos y ya eres tú ante la adversidad, te pegas a la pared y la presión de cañonazos te da por los lumbares, la piscina de nadar contracorriente te hace emular a Mark Spitz y pareces el burrito con la zanahoria delante, no llegas nunca; pero sabes que te esperan las falsas tumbonas de relax que burbujean por todo tu cuerpo glu glu y te escupen hacia las setas con cascada. Menos mal que en la esquina hay un jacuzzi sin burbujas sin chorros y sin nadie, aparentemente me está llamando; es agua en su estado líquido sin trampas, pero la piscinilla engaña, esconde un secreto, el secreto mejor guardado especial para el novato, que en este caso soy yo....está llena de agua de manantial del deshielo alpino, ¡¡la reputísima madre que los parió!!, juro en arameo, maldigo de nuevo esta vez en mallorquín, la cosa es seria, a todas las madres y parientes más próximos del inventor de tanta salud y relajación.

Llega un momento en la vida que tienes que posicionarte y no hay medias tintas, o rojo o negro, par o impar, la morena o la rubia, pues yo me lo juego todo en una mano, vive Dios que por mi honor, por el poco que me queda, no me voy sin probar la sauna turca, ¡¡madre mía!!.. Una habitación de tres por tres con una nube de vapor que parece Londres en tiempos de Jack, no ves a 2 palmos....saludo al personal relajante que vislumbro entre las nubes y me siento en un banco de madera. Estoy preparado para hacer unos vahos de "vickvaporub" a setenta grados, el sudor de los cuerpos se mezcla con el vapor de agua y todos tan felices menos yo que salgo por patas. Asfixiado, logro alcanzar la salida y un joven me dice a la cara: “esto no puede ser bueno nunca” a lo que yo asiento, con la cara roja, casi sin respiración... esto es malísimo al menos para mi cuerpo.-le contesto. Y nos reímos al unísono como dos locos, con los gorros enfundados y las orejas como dos fresones de Huelva.

Había más cosas... pero a mí ya me daba igual todo, solo pensaba en una cosa, la cena. El dios Chronos estaba de mi lado en esta ocasión y después de dejar los manantiales, los chorros y las saunas, ya en mi habitación... una ducha, eso sí que es relajante, con su jaboncito, con su lluvia de agua recorriendo tu espalda como una mano que acaricia el terciopelo genovés, deliciosa sensación de bienestar, llegó la hora de la cena.

Manjares surtidos poblaban las vitrinas, desde todo tipo de frescas ensaladas, hasta carnes y pescados cocinados en show cooking, reposterías, tartas, helados.... Aixó sí que me va bé!!!

La jornada siguiente, uno ya tiene cierta edad y experiencia en el tema, transcurrió de una manera diferente, elogié las magnitudes relajantes del agua y aconsejé que repitieran el circuito tranquilamente, yo propuse que debía hacer unas cosas importantes, y me salió bien la jugada, tenía para mí sólo unas horas de ocio y solaz, que aproveché a las mil maravillas... pude levantar la copa con Marc Márquez mientras hacía sofing en la habitación. Un par de capítulos de un libro... y como tenía más tiempo... sesión de fotos junto a la playa. Bordado!!

Aixó sí que és vida!!!!

Todo el mundo contento y regreso al hogar, con los cuerpos descansados, preparados para batirnos en armas tras las líneas enemigas... y yo, satisfecho de conceder un respiro a mi amada esposa, que se lo merece, y dispuesto a volver a hacerlo siempre que ella quiera.

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